La visita fue un desafío. La visita del Papa a Irlanda el pasado fin de semana, inicialmente dedicada al Encuentro Mundial de las Familias, estuvo marcada por tensiones y acusaciones recurrentes que el Papa hubiera preferido evitar.
La causa principal fueron los numerosos escándalos de abusos sexuales ocurridos en el país… sin mencionar la terrible tragedia de los «Ángeles olvidados de Tuam«, un convento irlandés donde en 2016 se encontraron los cuerpos de más de 800 niños, víctimas de maltrato, desnutrición y enfermedades entre 1925 y 1961…
Una situación delicada que ha tensado cada vez más la relación entre la Iglesia y la población irlandesa, sumida en una verdadera crisis de fe…
Como resultado: aunque la visita del Papa fue histórica (no se había realizado ninguna visita papal a Irlanda en casi 40 años), y aunque el Santo Padre renovó sus disculpas a los irlandeses, la población parece dividida.
Ciertamente, muchos católicos estuvieron presentes para rendir homenaje al Papa, pero otro sector de la población, lleno de dudas, prefirió abstenerse, destacando por su ausencia o participando en manifestaciones locales pacíficas.
«La visita del Papa reabre heridas nacionales«, declaró una irlandesa. «Soy creyente, pero mi confianza en la Iglesia se ha visto afectada. Los miembros del clero responsables de estas atrocidades deben pagar y asumir sus actos de una vez por todas.»
«Soy católico y, obviamente, las diferentes historias me han perturbado… pero el Papa Francisco está haciendo todo lo posible para resolver todo esto…«, afirmó Liam, un dublinés presente durante la visita del Papa.
Opiniones que divergen y que parecen despertar oscuros fantasmas del pasado…