Casi cuatro siglos después de su creación, uno de los objetos religiosos más valiosos del condado de Cork regresa simbólicamente a su tierra de origen. El Hurley Chalice, un cáliz católico de plata dorada fechado en 1633, se expone en Dunmanway gracias a un préstamo excepcional de la catedral de Cork.
El Hurley Chalice regresa a Dunmanway
Un tesoro irlandés de casi cuatro siglos de antigüedad
Habitualmente conservado en la catedral de Santa María y Santa Ana de Cork, también conocida como North Cathedral, el Hurley Chalice protagoniza un regreso especialmente simbólico al oeste del condado.
Tradicionalmente, el objeto se asocia con la familia Hurley, u Ó Muirthile, establecida antiguamente en el castillo de Ballinacarriga, a unos nueve kilómetros de Dunmanway. El cáliz habría sido donado en 1633 por Randal Hurley y su esposa, Ellen de Courcy.
Más que un simple objeto litúrgico, constituye un raro testimonio de la sociedad irlandesa del siglo XVII. Su elaboración precede en unos años a las guerras confederadas irlandesas, un periodo de violencia política y religiosa durante el cual numerosos objetos católicos fueron confiscados, destruidos u ocultados.
Una obra maestra de la orfebrería religiosa
Inscripciones que cuentan sus orígenes
Elaborado en plata dorada, el Hurley Chalice destaca por su copa finamente trabajada, su nudo central profusamente ornamentado y su base poligonal. En él se representan varios motivos: una cruz, la Virgen María bajo tres estrellas, una palmera, el monograma IHS y las águilas bicéfalas asociadas al escudo de armas de la familia de Courcy.
Las inscripciones grabadas en su base mencionan los nombres de Randal Hurley y Ellen de Courcy, así como el año 1633. Otra inscripción, añadida en el interior del pie, indica que un tal J. Coppinger habría entregado el cáliz a la parroquia de Santa María en 1722.
Estos detalles ya se describieron en 1906 en el Journal of the Cork Historical and Archaeological Society. Permiten vincular el objeto con la historia de los Hurley de Ballinacarriga, una importante familia gaélica del oeste de Cork, emparentada por matrimonio con la familia anglonormanda de Courcy.
Un regreso cargado de memoria al oeste de Cork
Un objeto religioso convertido en testigo de la historia local
El regreso del cáliz a Dunmanway se enmarca en un encuentro dedicado a los descendientes de las familias originarias de la región. Varios representantes del linaje Hurley, llegados en particular de Estados Unidos, pudieron descubrir el objeto junto a historiadores locales.
No obstante, sería inexacto afirmar que el cáliz regresa a Dunmanway por primera vez desde 1633: su recorrido completo a lo largo de los siglos no está suficientemente documentado. El evento representa, más bien, un regreso simbólico a las tierras a las que está ligada su historia.
El castillo de Ballinacarriga, antigua residencia de los Hurley, sigue siendo visible en la campiña al sureste de Dunmanway. Su torre del siglo XVI y sus decoraciones esculpidas constituyen otro testimonio del poder que esta familia ejerció antaño en la región.
Entre historia familiar, patrimonio religioso y saber hacer artesanal, el Hurley Chalice pone un rostro concreto al agitado pasado del oeste de Cork. Un objeto lo bastante pequeño para caber entre dos manos, pero capaz de contar casi cuatrocientos años de historia irlandesa.