Hay regresos a casa más cómodos. Eamonn Keaveney eligió volver a Irlanda desde Estambul sin zapatos, sin sandalias y sin un solo par de repuesto en la mochila. Tras recorrer 6.805,83 kilómetros descalzo en 369 días, este irlandés de 34 años llegó a su ciudad natal, Claremorris, en el condado de Mayo, y recuperó el récord mundial de la caminata descalzo más larga.
Tras una cifra casi difícil de imaginar se esconde un año de carreteras abrasadoras, lluvia, frío, lesiones y encuentros. Una aventura deliberadamente insólita, pero sobre todo una historia de tenacidad y solidaridad en favor de dos causas: la salud mental de los jóvenes y la protección del medio ambiente.
6.805 kilómetros descalzo entre Estambul e Irlanda
Un año entero atravesando Europa sin zapatos
Eamonn Keaveney partió de Estambul el 4 de marzo de 2025. Su itinerario le llevó por Turquía, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Austria, Alemania y Francia, antes de llegar a Inglaterra, Gales e Irlanda.
El caminante alcanzó primero el extremo occidental de Kerry, donde llegó a Dún Mór a principios de febrero de 2026. Sin embargo, la aventura no había terminado. Aún le quedaban unos 500 kilómetros para regresar a casa, en Claremorris. Su llegada oficial tuvo lugar el 7 de marzo de 2026, 369 días después de su partida.
La distancia finalmente homologada por Guinness World Records asciende exactamente a 6.805,83 kilómetros. Es más que la anchura de los Estados Unidos continentales y casi el doble del anterior récord, de 3.409,75 kilómetros.
¿Por qué emprender una caminata tan descabellada?
Un reto nacido menos de un trauma que de un deseo persistente
A veces nos gustaría encontrar tras una hazaña de este tipo una revelación espectacular, una apuesta perdida o una promesa hecha en una noche de tormenta. La respuesta de Eamonn Keaveney es mucho más sencilla: después de una primera larga caminata alrededor de Irlanda, quería volver a salir. Cruzar un continente le pareció el siguiente paso.
Este hombre de Mayo no se presenta como un héroe místico que salió en busca del sentido de la vida bajo las plantas de los pies. Más bien asume una mezcla de curiosidad, obstinación y gusto por los retos francamente improbables. A RTÉ se describió con humor como una mezcla de «loco y cabezota», sin pretender dar una explicación más compleja.
Esa sencillez es precisamente lo que aporta a la historia su dimensión humana. El reto no nació de un discurso cuidadosamente elaborado para las redes sociales. Surgió de un deseo personal lo bastante fuerte como para justificar un año de excedencia laboral, una mochila a la espalda y varios miles de kilómetros de incomodidad.
Las plantas de los pies, puestas a dura prueba
Asfalto, espinas, cristales y climatología extrema
Antes de partir, Eamonn preparó sus pies caminando y corriendo regularmente sin zapatos. El entrenamiento engrosó sus suelas naturales, sin hacerlas invencibles. Las largas jornadas sobre el asfalto desgastaban a veces la piel hasta hacerla sangrar. Los caminos de grava le obligaban a reducir el ritmo, mientras que las espinas y los pequeños trozos de cristal suponían una amenaza constante.
Una espina de endrino le provocó una infección lo bastante grave como para obligarle a parar una semana. A solo unos días de la llegada, también se fracturó levemente un dedo del pie. La mordedura de un perro, ocurrida al comienzo de su recorrido por el noroeste de Turquía, le obligó a buscar rápidamente una vacuna contra la rabia.
El tiempo añadió su propio programa de adversidades. En Hungría, el calor estival llegó a ser tan intenso que en ocasiones tuvo que interrumpir su avance. Varios meses después, el caminante afrontaba el problema contrario: lluvia, nieve y temperaturas invernales. Hasta Alemania, durmió a menudo en una tienda de campaña. Cuando llegó el frío, alternó alojamientos en casas de particulares, acogida solidaria y las opciones más económicas posibles.
Curiosamente, el peso de la mochila llegó a ser más molesto que sus pies. Toda su vida cotidiana tenía que caber sobre sus hombros: equipo de acampada, ropa, comida y los objetos indispensables para una travesía de más de un año.
La amabilidad de los desconocidos como auténtico hilo conductor
Un desayuno turco tras la mordedura de un perro
Los pies de Eamonn atrajeron miles de miradas sorprendidas, pero muy poca hostilidad. A lo largo de su ruta, la curiosidad abría a menudo una conversación y después una puerta, una cocina o una habitación para pasar la noche. En las zonas rurales poco acostumbradas al paso de viajeros, su aspecto de caminante sin zapatos difícilmente podía pasar desapercibido.
Un encuentro ocurrido en Süloğlu, Turquía, resume a la perfección la aventura. Eamonn buscaba el hospital tras haber sido mordido por un perro el día anterior. Antes siquiera de pasar la primera casa de la ciudad, un vecino le invitó a tomar un café y a compartir el desayuno con su familia. Después, su nieta le dibujó un mapa para indicarle el camino hasta el centro médico.
Este pequeño gesto frente a una distancia gigantesca es quizá uno de los recuerdos más reveladores del viaje. Los kilómetros establecieron el récord; las personas que encontró le dieron su historia. A su regreso a Irlanda, esa solidaridad continuó: según Eamonn, solo pagó una noche de alojamiento durante la última parte de su recorrido por el país.
Una caminata en favor de la salud mental y el medio ambiente
Más de 21.000 euros recaudados durante el viaje
La aventura también permitió recaudar más de 21.000 euros para dos asociaciones. La primera, Jigsaw, apoya a jóvenes en Irlanda en el ámbito de la salud mental. La segunda, Friends of the Earth Ireland, trabaja por la justicia climática y la protección del medio ambiente.
Este doble compromiso impide que el récord se reduzca a una proeza individual. Cada etapa, cada entrevista y cada publicación sobre su aventura ayudaron a poner estas causas en primer plano. La caminata fue extravagante, pero las necesidades que apoyaba son muy concretas.
El recorrido también demostró la fuerza de un reto que se entiende en una frase. No hace falta una larga explicación: un hombre vuelve de Estambul a Irlanda a pie, sin zapatos. La imagen intriga y, después, la curiosidad conduce a las asociaciones que defiende.
Eamonn Keaveney no está ante su primer récord insólito
De las cumbres irlandesas al monociclo
Para Eamonn Keaveney, caminar descalzo durante 6.805 kilómetros no es una excentricidad repentina. En 2016 ya había recorrido 2.080,14 kilómetros alrededor de Irlanda sin zapatos, estableciendo por primera vez el récord mundial de la disciplina.
Dos años después, ascendió diez montañas irlandesas en diez días, siempre descalzo. Su palmarés incluye, entre otras, ascensiones al Croagh Patrick, montaña de Mayo célebre por su peregrinación, aunque sus piedras no son precisamente conocidas por su suavidad.
En 2023 cambió de medio de transporte sin elegir precisamente la opción más fácil. Realizó la travesía más rápida de Irlanda en monociclo en la categoría masculina, en cinco días, cinco horas y veintitrés minutos. Una hazaña que confirma cierta preferencia por los proyectos a medio camino entre lo impresionante y lo absurdo.
Un récord mundial, pero sobre todo una vuelta a casa
Claremorris al cabo de 369 días
Eamonn ya había superado el antiguo récord en septiembre de 2025, en la frontera entre Hungría y Austria. Podría haberse detenido allí. Sin embargo, siguió hacia el oeste, cruzó el canal de la Mancha, llegó a Kerry y después subió hasta Mayo. Su objetivo no era solo caminar más lejos que el anterior poseedor del récord: quería recorrer todo el camino hasta su hogar.
Su llegada a Claremorris otorga al viaje una dimensión que la mera clasificación mundial no puede medir. Tras un año avanzando país tras país, la meta no era ni un estadio ni un escenario preparado para las cámaras. Era su ciudad natal.
Guinness World Records ya ha oficializado la hazaña. Eamonn, por su parte, reconoce que aún necesita recuperarse tras este año en la carretera. Preguntado por un próximo reto, no cierra ninguna puerta. Una respuesta razonable por parte de un hombre que, al parecer, considera los zapatos un accesorio opcional.
Fuentes principales: Guinness World Records, RTÉ News, Jigsaw y Midwest Radio. La imagen ilustrativa no representa a Eamonn Keaveney.