Durante 30 años se creyó que estos huesos irlandeses pertenecían a una vaca: en realidad eran de un oso
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Durante 30 años se creyó que estos huesos irlandeses pertenecían a una vaca: en realidad eran de un oso

por Gwen LE COINTRE
Reconstitution d’un ours dans les paysages sauvages de l’Irlande préhistorique. - Go to Ireland.com

Durante más de 30 años, unos huesos descubiertos en Kerry fueron considerados los de una de las vacas domésticas más antiguas de Irlanda. Nuevos análisis acaban de revelar una historia muy distinta: la célebre «Kerry Cow» era en realidad… un oso y un jabalí.

Durante más de tres décadas, varios fragmentos óseos descubiertos en el condado de Kerry alimentaron una de las grandes teorías sobre la llegada de la agricultura a Irlanda. Los arqueólogos creían estar ante los restos de un bovino doméstico de varios milenios de antigüedad, al que pronto bautizaron como la «Kerry Cow». Sin embargo, nuevos análisis acaban de desmontar esa certeza: estos huesos no pertenecían a una vaca, sino a un oso y a un jabalí.

Un hallazgo lo bastante importante como para obligar a los investigadores a revisar parte del relato de la Prehistoria irlandesa.

La célebre «Kerry Cow» no era una vaca después de todo

Se ha reexaminado un hallazgo de hace más de 30 años

La historia comienza en Ferriter’s Cove, o Cuan an Chaoil, una pequeña bahía situada en la península de Dingle, en el condado de Kerry.

Entre 1983 y 1995, las excavaciones arqueológicas realizadas en este yacimiento sacaron a la luz numerosos vestigios que atestiguan la presencia de comunidades de cazadores-recolectores. Entre ellos había varios fragmentos óseos especialmente intrigantes.

Algunos fueron identificados entonces como restos de bovinos domésticos.

El detalle puede parecer insignificante. Sin embargo, para los arqueólogos era considerable.

En efecto, estos restos databan del final del Mesolítico, un periodo anterior a la implantación duradera de la agricultura en Irlanda. Su presencia sugería, por tanto, que los animales domésticos habían llegado a la isla mucho antes de lo que indicaba la mayoría de los demás hallazgos arqueológicos.

Con los años, estos huesos se hicieron célebres en el reducido mundo de la arqueología irlandesa. Incluso recibieron el apodo de «Kerry Cow», la «vaca de Kerry».

Una vaca que planteaba un problema a los arqueólogos

Parecía demostrar contactos muy tempranos con los primeros agricultores europeos

La existencia de esta misteriosa vaca distaba mucho de ser un simple detalle zoológico.

Durante milenios, las poblaciones que vivían en Irlanda subsistieron esencialmente gracias a la caza, la pesca y la recolección de recursos silvestres. La agricultura y la ganadería no se generalizaron hasta más tarde, con la llegada del Neolítico.

Sin embargo, la presencia de un bovino doméstico en Ferriter’s Cove sugería un escenario mucho más complejo.

Los cazadores-recolectores irlandeses podrían haber estado en contacto con comunidades agrícolas llegadas de la Europa continental antes del 4000 a. C.. El ganado podría haber llegado así a Irlanda incluso antes de que la agricultura se implantara verdaderamente en la isla.

Durante más de treinta años, la «Kerry Cow» fue citada regularmente en los debates científicos sobre la transición entre el Mesolítico y el Neolítico en Irlanda y Gran Bretaña.

Solo que la vaca, muy probablemente, nunca existió.

Los científicos vuelven a analizar los huesos

Una técnica moderna permite identificar al animal gracias a las proteínas conservadas en los huesos

Un equipo de investigadores dirigido por University College Dublin decidió retomar el estudio del material arqueológico procedente de Ferriter’s Cove.

Los fragmentos originales, conservados hoy en University College Cork, fueron enviados a un laboratorio del CNRS de Lille, en Francia.

Esta vez, los científicos no se limitaron a observar la forma de los fragmentos.

Utilizaron un método llamado ZooMS (Zooarchaeology by Mass Spectrometry). Esta técnica permite, entre otras cosas, identificar el origen animal de un fragmento óseo gracias a las proteínas preservadas en su colágeno.

Resulta especialmente útil cuando los huesos están demasiado fragmentados para poder atribuirlos con certeza a una especie únicamente por su anatomía.

Y el resultado deparó una gran sorpresa a los investigadores.

Los fragmentos analizados no pertenecen a ganado doméstico.

En realidad, proceden de dos animales salvajes: un oso y un jabalí.

Por tanto, un oso sí vivía en la Irlanda prehistórica

Los investigadores tratan ahora de identificar con precisión su especie

La presencia de un oso en la Irlanda prehistórica no es, en sí misma, del todo inesperada. Los osos vivieron en la isla antes de desaparecer varios milenios antes de nuestra era.

Pero los fragmentos de Ferriter’s Cove podrían aportar nueva información sobre estas antiguas poblaciones.

Los investigadores prosiguen ahora sus análisis para determinar a qué tipo de oso pertenecían exactamente los huesos.

Se estudian, en particular, dos hipótesis: la del oso pardo y la, mucho más sorprendente, de un oso con afinidad con el oso polar.

No obstante, hay que ser prudentes: los científicos aún no han resuelto esta cuestión. Los análisis complementarios tienen precisamente por objeto establecer la identidad del animal.

El hallazgo cambia parte de la historia de Irlanda

Una de las principales pruebas de ganadería anterior al 4000 a. C. acaba de desaparecer

La auténtica conmoción provocada por este estudio no tiene que ver, al final, con el oso.

Tiene que ver con la vaca que no lo era.

Al retirar los fragmentos de Ferriter’s Cove del registro de los primeros animales domésticos, los investigadores eliminan uno de los principales argumentos arqueológicos a favor de una presencia temprana de ganado en Irlanda.

Según el equipo de investigación, ya no existe actualmente ninguna prueba arqueológica que permita afirmar que los bovinos domésticos —y, por extensión, las comunidades agrícolas— habían llegado a Irlanda o influido en ella antes de aproximadamente el 4000 a. C.

Esto no significa que los cazadores-recolectores irlandeses vivieran necesariamente totalmente aislados del resto de Europa.

Sin embargo, uno de los elementos más célebres utilizados para defender la hipótesis de contactos muy tempranos con agricultores europeos acaba de desaparecer.

Y todo por unos cuantos fragmentos óseos mal identificados hace más de treinta años.

Ferriter’s Cove, un pequeño rincón de Kerry que se ha vuelto clave para la arqueología

La península de Dingle conserva las huellas de los últimos cazadores-recolectores de Irlanda

Para los viajeros, Ferriter’s Cove podría pasar fácilmente desapercibida.

Esta pequeña bahía salvaje se encuentra en el extremo occidental de la península de Dingle, en un espectacular paisaje de acantilados, pastos y Atlántico. Sin embargo, bajo esta aparente tranquilidad se esconde uno de los yacimientos que permite comprender mejor a las poblaciones que vivieron en Irlanda varios milenios antes de los celtas.

Las excavaciones realizadas en Ferriter’s Cove han sacado a la luz, entre otros hallazgos, herramientas de piedra, restos de animales y distintas huellas de ocupación humana.

El nuevo estudio recuerda, sobre todo, hasta qué punto puede evolucionar la arqueología.

Un hueso identificado visualmente hace varias décadas puede reexaminarse hoy gracias a la química y la biología molecular. Y, a veces, unas pocas proteínas conservadas durante más de seis milenios bastan para cuestionar una teoría enseñada y debatida durante treinta años.

Así, en Kerry, la vaca prehistórica más célebre de Irlanda acaba de desaparecer de la Historia.

En su lugar había un oso y un jabalí.

Fuentes: estudio dirigido por University College Dublin con investigadores de University College Cork y análisis biomoleculares realizados en el CNRS de Lille; resultados anunciados el 18 de agosto de 2026 y presentados en PAST, la publicación de la Prehistoric Society.