No es ninguna sorpresa: en Irlanda, la lluvia suele estar presente… De ahí la importancia de equiparse bien para poder enfrentar desde la llovizna hasta el aguacero intenso. Pero atención: muchos viajeros cometen el error fatal de llevar consigo un paraguas… Aunque pueda parecer una buena idea al principio, puede resultar incómodo de usar a diario.
Explicaciones.
Te darás cuenta rápido: son pocos los irlandeses que enfrentan la lluvia con un simple paraguas. La razón es sencilla: la lluvia en Irlanda puede adoptar muchas formas, desde una llovizna ligera hasta un aguacero fuerte, pasando por lluvia horizontal acompañada de ráfagas de viento capaces de volarte el sombrero.
Como consecuencia: acabarás empapado… con un paraguas inutilizable, cuyas varillas probablemente se habrán roto. Sin mencionar la molestia de tener que sostenerlo siempre en la mano y de tener que dejarlo al entrar en un pub, museo o cualquier otra atracción local. Claro que existen modelos pequeños y plegables, fáciles de guardar… pero seguirán empapados, por lo que no son fáciles de meter en una mochila (a menos que tengas una bolsa de plástico a mano).
¿Entonces, cuál es la solución?
No hay que buscar muy lejos: un cortavientos, un chubasquero o un abrigo serán aliados mucho mejores que el paraguas tradicional. Las prendas con capucha tienen la ventaja de ser prácticas y nada voluminosas (¡ya que las llevas puestas en la espalda!).
Sobre todo, elige un tejido repelente al agua, preferiblemente con forro térmico: agradecerás su comodidad en cualquier ocasión, ya sea frente al océano en los Acantilados de Moher o en pleno centro de Dublín. Será la forma más eficaz de mantenerte seco sin cargar con un accesorio inútil que debes sostener con la mano.
Por último, recuerda que el clima irlandés es cambiante: puedes tener días soleados con lluvias pasajeras. Por eso, nunca salgas sin tu prenda impermeable: ¡te será de gran ayuda en cualquier circunstancia!