La Calzada del Gigante amenazada: los turistas llamados a salvar el emblemático sitio de Irlanda del Norte
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La Calzada del Gigante amenazada: los turistas llamados a salvar el emblemático sitio de Irlanda del Norte

por Gwen LE COINTRE
Calzada del Gigante - S-F / Shutterstock.com

Cada año, cientos de miles de visitantes pisan las famosas columnas de basalto. Ahora, todos están invitados a participar en su conservación.

En la Calzada del Gigante, los visitantes ya no solo están invitados a admirar el paisaje. Ahora se les llama a participar en su protección. Ante el aumento de visitantes en este emblemático sitio de Irlanda del Norte, el National Trust apuesta por la educación en lugar de las prohibiciones. Una estrategia destinada a preservar las famosas columnas de basalto, que se han visto debilitadas por ciertos comportamientos turísticos.

Declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, la Calzada del Gigante atrae cada año a cientos de miles de personas a la costa del condado de Antrim. Esta popularidad es una gran vitrina para Irlanda del Norte, pero también somete a este paisaje volcánico de varias decenas de millones de años a una presión constante.

La Calzada del Gigante frente a los efectos del turismo masivo

Un sitio natural víctima de su éxito

Solo hacen falta unos minutos en el lugar para entender su poder de atracción. Al pie de los acantilados de Antrim, cerca de 40 000 columnas de basalto parecen formar una escalera mineral que avanza hacia el océano Atlántico.

Los visitantes suben a los bloques, fotografían las formaciones más espectaculares y se acercan lo máximo posible al mar. Durante las épocas de mayor afluencia, los mismos espacios pueden estar ocupados simultáneamente por cientos de personas.

En 2024, la Calzada del Gigante recibió alrededor de 648 000 visitantes. Antes de la pandemia, el sitio incluso superaba el millón de entradas anuales registradas en su centro de acogida.

Esta concentración turística provoca un desgaste progresivo de los senderos, una presión creciente sobre los hábitats naturales y un aumento de comportamientos inapropiados. El problema no radica solo en el número de visitantes, sino también en la forma en que cada uno se comporta una vez en el sitio.

Los visitantes invitados a proteger la Calzada del Gigante

El National Trust apuesta por la educación

Para responder a esta presión, los responsables de la Calzada del Gigante han optado por la sensibilización. El objetivo no es convertir el paisaje en un museo inaccesible ni impedir que el público se acerque a las columnas, sino recordar que este espectacular entorno sigue siendo un ambiente natural vulnerable.

Los equipos presentes en el lugar interactúan directamente con los turistas, explican la formación geológica del sitio y detallan las consecuencias de gestos que pueden parecer inocuos.

Voluntarios y visitantes también pueden participar en acciones de conservación. Recoger basura, observar la erosión, mantener ciertos espacios y reportar daños permiten al público convertirse en actor de la conservación.

Este enfoque se basa en una idea sencilla: un visitante que comprende el valor y la fragilidad de un sitio suele estar más dispuesto a respetarlo.

Monedas que hacen estallar el basalto

Una tradición turística que se ha vuelto peligrosa

Entre los comportamientos más preocupantes está la costumbre de colocar monedas en las grietas de las columnas de basalto. Algunos turistas las ponen como amuletos o como recuerdo simbólico de su visita.

El gesto parece inofensivo. Sus consecuencias, mucho menos.

Expuestas a la humedad, a las salpicaduras saladas y a la mezcla de diferentes metales, las monedas se corroen. Al oxidarse, pueden expandirse hasta varias veces su grosor original. La presión dentro de las grietas acaba debilitando y haciendo estallar la roca.

El cobre, níquel y hierro también dejan marcas de color en las columnas. Estas manchas alteran la apariencia natural del basalto y requieren la intervención delicada de especialistas en conservación.

Una primera operación experimental permitió retirar monedas en una decena de zonas. La limpieza completa del sitio podría costar alrededor de 30 000 libras esterlinas, casi 35 000 euros.

Por ello, los gestores piden a los viajeros que guarden sus monedas en el bolsillo y apliquen un principio ahora central en los espacios naturales: no dejar rastro de su paso.

Un paisaje volcánico de aproximadamente 60 millones de años

¿Cómo se formó la Calzada del Gigante?

Las columnas de la Calzada del Gigante se formaron tras una intensa actividad volcánica ocurrida hace unos 60 millones de años, en el momento de la apertura del océano Atlántico Norte.

Flujos de lava cubrieron parte de la meseta de Antrim. Al enfriarse, el basalto se contrajo y agrietó. Este fenómeno produjo miles de columnas encajadas, mayoritariamente hexagonales, aunque algunas tienen cuatro, cinco, siete u ocho lados.

Estudios científicos recientes han situado la formación de la Calzada del Gigante dentro de un evento volcánico mucho más amplio. Las rocas de Irlanda del Norte estarían vinculadas a la misma época de actividad geológica que formaciones observadas en Escocia, las islas Feroe y hasta Groenlandia.

Por tanto, el sitio tiene una importancia que va mucho más allá de su interés turístico. Constituye un archivo natural que permite a los científicos comprender mejor la historia geológica del Atlántico Norte.

Un sitio declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1986

Cuarenta años de reconocimiento internacional

La Calzada del Gigante y la costa que la rodea fueron declaradas Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1986. La clasificación reconoce tanto la espectacular belleza del paisaje como su interés excepcional para el estudio de fenómenos volcánicos.

El sitio está principalmente gestionado por el National Trust, que vela por la protección del litoral, las formaciones geológicas y los hábitats naturales. La zona alberga diversas especies de aves marinas y una flora adaptada a los acantilados expuestos a los vientos del Atlántico.

La conservación no solo se refiere a las columnas fotografiadas por los viajeros. También incluye los acantilados, praderas costeras, senderos y todo el ecosistema circundante.

Distribuir a los visitantes en lugar de cerrar el sitio

La reserva ayuda a reducir los picos de afluencia

El National Trust ahora anima a los visitantes a reservar su acceso a través del centro de acogida. Esta organización permite a los equipos anticipar las llegadas y distribuir mejor la afluencia a lo largo del día.

El acceso al paisaje natural sigue siendo libre. La entrada se refiere principalmente a la experiencia ofrecida por el centro de visitantes, el estacionamiento, las exposiciones, la audioguía y algunos servicios disponibles en el lugar.

Por tanto, la reserva no solo busca gestionar los ingresos del sitio. También es una herramienta para limitar las concentraciones excesivas en ciertas horas y mejorar las condiciones de la visita.

Para descubrir la Calzada del Gigante en un ambiente más tranquilo, es mejor llegar temprano por la mañana o al final de la tarde. Los meses fuera de la temporada alta también ofrecen una experiencia más apacible, siempre que se lleve ropa adecuada para el viento y los cambios rápidos de clima.

¿Cómo visitar la Calzada del Gigante sin dañarla?

Algunos gestos simples para un turismo más responsable

Preservar el sitio no implica renunciar a caminar sobre las columnas cuando las condiciones lo permiten. Se basa principalmente en respetar las indicaciones y tomar algunas precauciones básicas.

Es fundamental no colocar nada en las grietas, no llevarse piedras y recoger la basura. Los visitantes también deben evitar salirse de los senderos en zonas sensibles o molestar a las aves que habitan los acantilados.

Se recomienda usar calzado con buena adherencia. El basalto puede volverse extremadamente resbaladizo cuando está húmedo, y algunas olas alcanzan rápidamente las primeras columnas.

Optar por el transporte público, compartir vehículo o incluir la visita en un recorrido más amplio por la Causeway Coastal Route también ayuda a reducir el impacto del desplazamiento.