Hunger es una película dedicada a la lucha de Bobby Sands, un activista del IRA que en los años 80 emprendió una huelga de hambre mortal para obtener el estatus de preso político. Su lucha fue seguida en todo el mundo y provocó una gran conmoción cuando murió tras 60 días de ayuno, sin que Margaret Thatcher quisiera intervenir. La película de Steve McQueen, titulada Hunger, y galardonada con una Cámara de Oro en el Festival de Cannes, presenta esta lucha que convirtió a Bobby Sands en un verdadero mártir republicano.
Irlanda del Norte, 1981. Raymond Lohan es uno de los vigilantes de la prisión de Maze, encargado de supervisar el Bloque H, donde están encarcelados miembros del IRA. Estos han iniciado una protesta llamada «Blanket and No-Wash Protest» para reivindicar su estatus de presos políticos. Rechazan llevar el uniforme de preso y viven desnudos, envueltos solo en una manta. También hacen huelga de higiene, manchando las paredes de sus celdas con sus excrementos, negándose a lavarse y inundando cada día los pasillos de la prisión con su orina.
Pronto, las tensiones estallan en un motín cuando la dirección de la prisión de Maze ofrece a los detenidos ropa civil. Entonces, la prisión despliega un cuerpo militar para reprimir la rebelión de los presos.
Tras violentos enfrentamientos, el vigilante Raymond Lohan es asesinado de un disparo en la cabeza fuera de la prisión por miembros del IRA no encarcelados.
Después de este inaceptable incidente, Bobby Sands, uno de los líderes activistas del IRA, decide reunirse con el capellán de la prisión para anunciarle que quiere iniciar una huelga de hambre. Sigue una conversación entre ambos: el capellán desaprueba, mientras que Bobby Sands se mantiene firme.
Su mensaje es claro: quiere llevar a cabo una huelga de hambre para captar la atención internacional y obtener una respuesta de Margaret Thatcher. Su objetivo es simple: que todos los presos del IRA sean reconocidos como presos políticos. Para ello, está dispuesto a llegar hasta el final, incluso a morir, acompañado por otros compañeros que seguirán su ejemplo. A cada muerte, otro tomará su lugar: esa es la estrategia para finalmente ser escuchados.
El acto final de la película es uno de los más duros: vemos día a día la huelga de hambre de Sands, su dolor, su pérdida de peso y el impacto físico del ayuno, hasta su muerte… sin que el gobierno británico intervenga.
Una acertada decisión de Steve McQueen abordar uno de los temas más dolorosos de la historia de Irlanda del Norte. Aunque aún hoy se lamenta la escasez de películas sobre el conflicto angloirlandés, McQueen destaca al presentar la lucha de una de las figuras emblemáticas del republicanismo en Irlanda del Norte: Bobby Sands.
Para ello, McQueen estructura su película en tres actos y ofrece un retrato frío del universo carcelario de los bloques QHS, donde estaban presos los activistas del IRA.
Rápidamente, y de forma sutil, McQueen atrapa al espectador: nos sentimos como uno de los presos del bloque, viviendo en la miseria y el frío, rodeados de olores a orina y excrementos debido a la huelga de higiene iniciada por los presos.
A medida que avanza la película, la incomodidad crece. Michael Fassbender, que interpreta magistralmente a Bobby Sands, se va consumiendo, sufriendo y soportando su dolor bajo la mirada impasible de una cámara que nos muestra minuto a minuto el sufrimiento de un hombre de valor indomable.
El reto está superado para Steve McQueen: la película impacta, nos impregna y transmite un mensaje contundente sobre el conflicto angloirlandés. Todo ello en un silencio perturbador: Hunger tiene muy pocos diálogos (excepto la conversación entre Sands y el capellán a mitad del film), lo que hace que la prisión se sienta opresiva e inhumana.
Una película imprescindible que sin duda provocará una profunda reflexión en sus espectadores.