Investigadores recrean una cerveza elaborada en Dublín en 1574
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Investigadores recrean una cerveza elaborada en Dublín en 1574

por Gwen LE COINTRE
Illustration de la bière brassée à Dublin Castle en 1574 et recréée par des chercheurs dans le cadre du projet FoodCult.

Trinity College Dublin ha devuelto a la vida una cerveza de más de 450 años gracias a la arqueología experimental, los archivos y técnicas de elaboración inspiradas en la época Tudor.

nneneBB¿A qué se parecería una pinta servida en Dublín hace más de 450 años? Investigadores del Trinity College Dublin han tratado de responder a esta pregunta de una forma inusual: en lugar de limitarse a estudiar los archivos, reconstruyeron una cervecería de estilo Tudor y elaboraron una cerveza a partir de las cuentas del Castillo de Dublín.

El experimento, llevado a cabo en el marco del proyecto FoodCult, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, permite contemplar desde otra perspectiva la vida cotidiana en la Irlanda del siglo XVI. Y depara una sorpresa: la cerveza que se consumía entonces distaba mucho de ser siempre una bebida muy ligera.

Una cerveza del Castillo de Dublín recreada más de 450 años después

El punto de partida del experimento se encuentra en los archivos del Castillo de Dublín. Las cuentas de la casa del Lord Deputy William Fitzwilliam, conservadas para los años comprendidos entre 1570 y 1590, detallan con una precisión excepcional los ingredientes utilizados, las cantidades producidas y el consumo de cerveza en el seno de esta importante casa.

Los investigadores pudieron reconstruir, entre otras, una cerveza elaborada en 1574. Para ir más allá de una simple receta moderna inspirada en el pasado, el equipo reunió a historiadores, arqueólogos, especialistas en elaboración de cerveza, microbiólogos y artesanos.

Una cervecería Tudor reconstruida para el experimento

En el Weald & Downland Living Museum, en Sussex, se construyó una cervecería inspirada en el siglo XVI. Los investigadores trabajaron con equipos y métodos similares a los disponibles en la época, sin los instrumentos de control que hoy hacen que la elaboración de cerveza sea mucho más previsible.

El proyecto también exigió recuperar conocimientos artesanales que se han vuelto poco comunes, en particular para fabricar los barriles y algunos equipos. La elección de los cereales también fue importante: el equipo recurrió al bere, una antigua variedad de cebada que aún se cultiva en las Orcadas.

Entonces, ¿a qué sabía una cerveza irlandesa de 1574?

El resultado resulta sorprendentemente familiar. Según los investigadores, la cerveza obtenida tenía un color claro con matices de miel, un aspecto turbio, un ligero amargor y una delicada presencia de lúpulo. En otras palabras, un bebedor actual no se encontraría necesariamente ante una bebida irreconocible.

Sus ingredientes esenciales también eran similares a los de una cerveza actual: malta, agua, levadura y lúpulo. Sin embargo, los cereales y los procesos diferían notablemente de las variedades estandarizadas y los métodos industriales empleados hoy en día.

Alrededor de un 5 % de alcohol: se desvanece el mito de una cerveza mediocre y muy floja

Uno de los hallazgos más llamativos se refiere a su graduación alcohólica. La cerveza experimental podía alcanzar alrededor de un 5 % de alcohol, un nivel comparable al de muchas cervezas lager actuales.

Esta medición cuestiona la idea de que las importantes cantidades de cerveza consumidas antaño se explicaban simplemente porque se trataba de una bebida extremadamente baja en alcohol. Los investigadores subrayan, por el contrario, que el consumo diario podía ser considerable.

En el Castillo de Dublín, algunos trabajadores recibían varias pintas al día

En la casa de Fitzwilliam en el Castillo de Dublín, los archivos reflejan consumos de entre cinco y diez pintas diarias en determinados contextos. La cerveza podía aportar hasta unas 2.700 calorías al día a los sirvientes afectados. Su valor incluso superaba, en los gastos de la casa, al del pan.

La cerveza no era, por tanto, solo una bebida de ocio. Formaba parte de la alimentación y podía proporcionarse en el marco del trabajo. En Christ Church Cathedral, otros documentos estudiados por los investigadores muestran que los albañiles podían recibir cantidades aún mayores cuando realizaban trabajos físicos exigentes.

No, los irlandeses no bebían cerveza simplemente porque el agua fuera peligrosa

El experimento también permite matizar otro relato repetido con frecuencia: el de una población obligada a beber cerveza porque el agua era sistemáticamente no apta para el consumo.

Los investigadores recuerdan que los propios cerveceros necesitaban agua fresca y de calidad. En la medicina de la época, la elección de las bebidas también estaba influida por la teoría de los humores: el agua se consideraba «fría», mientras que la cerveza se percibía como más reconfortante y favorable para el equilibrio del cuerpo. Estas concepciones no tenían nada que ver con nuestra comprensión actual de los microbios.

Un experimento que relata el Dublín del siglo XVI

Tras la anécdota de esta pinta de 450 años se esconde un auténtico experimento de arqueología e historia experimental. Recrear la cerveza obliga a interesarse por los cereales cultivados en Irlanda, el trabajo de los artesanos, los barriles, las cocinas, los hábitos alimentarios y la organización cotidiana del Castillo de Dublín.

El proyecto FoodCult estudia de forma más amplia la alimentación y la cultura material en Irlanda entre aproximadamente 1550 y 1650. En 2026, Trinity College Dublin y el Castillo de Dublín ampliaron además esta investigación con una serie de conferencias, proyecciones y degustaciones dedicadas a la alimentación y las bebidas del siglo XVI.

Una pinta que probablemente reconoceríamos hoy

Quizá sea, al fin y al cabo, el hallazgo más divertido del experimento. Pese a cuatro siglos y medio de evolución de las técnicas cerveceras, esta cerveza de 1574 no se parecía a una extraña mezcla olvidada: turbia, ligeramente amarga, lupulada y con alrededor de un 5 % de alcohol, habría tenido rasgos perfectamente reconocibles para un amante de la cerveza actual.

Una forma especialmente concreta de recordar que la historia de la cerveza en Irlanda no comienza con las grandes marcas que se hicieron famosas en todo el mundo. Mucho antes que ellas, las pintas ya formaban parte de la vida cotidiana de Dublín.