En Irlanda existen las llamadas turberas. Se trata de humedales que se sitúan entre pantanos y páramos, cuyo ecosistema permite la descomposición de materia orgánica. Esta descomposición conduce a la formación natural de «turba», un material natural que los irlandeses utilizan para calefacción o para la elaboración del whisky.
En general, una turbera es un hábitat en constante cambio. Ofrece paisajes impresionantes que se encuentran entre lagos, pantanos y páramos salvajes. No se sorprenda: ningún árbol puede crecer aquí, lo que da lugar a paisajes asombrosamente austeros.
En Irlanda hay innumerables zonas de turberas protegidas como reservas naturales. Aunque algunas áreas todavía son utilizadas por los irlandeses, la mayoría de las turberas hoy en día son destinos dedicados al ecoturismo.
Se valoran especialmente por su entorno salvaje y tranquilo, así como por la belleza del paisaje.
Además, las turberas son conocidas por conservar excepcionalmente bien los hallazgos arqueológicos. Se sabe que se han descubierto muchos objetos prehistóricos allí. Algunos cuerpos prehistóricos incluso fueron «momificados» por la turba y hoy se exhiben en museos de Dublín, como el renombrado Museo Nacional de Irlanda. ¡Su estado de conservación es simplemente notable!