Antes de que la calabaza naranja conquistara Halloween, en Irlanda se utilizaba una linterna bastante menos simpática: un nabo vaciado, tallado con un rostro y alumbrado desde dentro. No es una reconstrucción moderna para dar un aire «celta» a la fiesta. Museos y archivos de folclore irlandeses conservan pruebas de esta tradición.
El National Museum of Ireland custodia un célebre ghost turnip relacionado con Fintown, en el condado de Donegal. Otros testimonios recopilados en Irlanda describen prácticas similares y permiten asomarse al Halloween irlandés antes de las calabazas.
Se vaciaba el nabo, se recortaban ojos y boca en su carne dura y se colocaba una vela dentro. Las formas irregulares del vegetal daban lugar a caras estrechas y deformadas que, iluminadas en plena oscuridad, podían resultar bastante siniestras.
La Schools’ Collection del archivo folklórico irlandés recoge costumbres de Halloween que mencionan velas colocadas en nabos tallados como rostros. El museo irlandés señala además que estas linternas podían transportarse o dejarse en las ventanas durante Oíche Shamhna.
Uno de los testimonios materiales más conocidos procede de Fintown, condado de Donegal. Está registrado con la referencia F1943.350. En 1943, la profesora Rois Ní Braonáin entregó al museo una linterna representativa de las que se fabricaban tradicionalmente en la zona hacia 1900; la artista Eileen Barnes realizó un molde de yeso pintado.
El museo explica que se introducían velas en estos nabos y que las linternas servían, entre otras cosas, para asustar a la gente durante la noche de Halloween. Viendo la cara del ejemplar de Donegal, cuesta pensar que necesitara mucha ayuda.
El nabo era accesible, resistente y suficientemente grande para convertirse en linterna. Su carne, sin embargo, es mucho más difícil de trabajar que la de una calabaza.
Precisamente esa dificultad explica su estética: cortes pequeños, rasgos desiguales y una superficie pálida que podía parecer más una cabeza deformada que una decoración. Encajaba perfectamente en un Halloween irlandés marcado por disfraces, bromas, juegos de adivinación y relatos sobrenaturales.
El National Museum of Ireland presenta la calabaza de Halloween como un desarrollo americano de la antigua idea de la linterna tallada. En Norteamérica, las calabazas ofrecían una ventaja evidente: eran más grandes y mucho más fáciles de vaciar.
Conviene evitar el titular simplista de que «los irlandeses inventaron la calabaza de Halloween». La evidencia permite afirmar algo más preciso: las linternas de nabo tallado formaban parte del Halloween irlandés antes del uso moderno de la calabaza, que desarrolló esta tradición al otro lado del Atlántico.
Hoy Jack-o’-lantern es prácticamente sinónimo de rostro iluminado en Halloween. Los relatos populares también han vinculado estas linternas con la figura errante de Jack y su pequeña luz.
Las leyendas cuentan con numerosas variantes y evolucionaron durante su transmisión. La existencia histórica de nabos convertidos en linternas en Irlanda, en cambio, está respaldada por piezas museísticas y testimonios folklóricos.
La calabaza domina actualmente Halloween también en Irlanda, pero el nabo tallado se ha convertido en una imagen poderosa para explicar las costumbres anteriores. Museos y proyectos patrimoniales lo recuperan regularmente.
Y tiene una ventaja narrativa indiscutible: una calabaza puede resultar adorable. Un nabo malhumorado iluminado por una vela parece conocer el día exacto de tu muerte. El ghost turnip sigue siendo así una de las piezas más sorprendentes para comprender la historia de Halloween en Irlanda.