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En el condado de Meath, no muy lejos de la famosa colina de Tara, se encuentra un lugar menos conocido pero igual de fascinante: la colina de Tlachtga, cerca del pequeño pueblo de Athboy. Para los celtas, este sitio era sagrado. Aquí, cada año, se encendían las primeras hogueras de Samhain, marcando el final de la cosecha y la entrada en la estación oscura.
La colina debe su nombre a una figura mitológica: Tlachtga, hija del druida Mug Ruith, a quien la tradición atribuye poderes extraordinarios. Según los relatos, ella dio su nombre a esta tierra tras una muerte trágica, y su recuerdo quedó ligado a ceremonias poderosas y mágicas.
Hoy en día, Tlachtga no es un gran destino turístico: una colina verde, campos y algunos vestigios circulares apenas visibles entre la hierba. Sin embargo, bajo esa apariencia modesta, el suelo fue testigo de rituales druidas que hacían temblar y soñar a todo un pueblo.
En la cosmología celta, el fuego no era solo una fuente de calor. Representaba la purificación, el vínculo entre los hombres y los dioses, y la luz frente a la oscuridad. En Samhain, cuando el año daba paso al invierno, se apagaban todos los fuegos del país para volver a encenderlos a partir del fuego sagrado de Tlachtga.
Este ritual tenía una dimensión tanto simbólica como práctica. Simbólica, porque unía a la comunidad en torno a una misma llama. Práctica, porque las familias encendían su propio hogar a partir de ese fuego común, asegurando protección y prosperidad para la estación oscura.
Samhain era el momento en que el velo entre vivos y muertos se volvía más fino. Los espíritus podían cruzar, y no siempre con buenas intenciones. Por eso, las hogueras de Tlachtga también cumplían una función protectora: alejaban las fuerzas negativas y guiaban a los ancestros benevolentes.
Las historias sobre Tlachtga varían, pero todas la describen como una figura poderosa y trágica. Hija del druida Mug Ruith, habría viajado por el mundo para aprender magia. De regreso a Irlanda, construyó la rueda de Mug Ruith, un artefacto mágico capaz de controlar el cielo y la tierra.
Pero su destino estuvo marcado por el sufrimiento: víctima de abusos, murió joven al dar a luz a trillizos. Antes de morir, pidió que su nombre quedara unido a la colina donde expiró. Así, el sitio de Tlachtga se convirtió en un lugar espiritual de memoria y poder.
Esta figura ilustra perfectamente el espíritu de Samhain: de la muerte nace la vida nueva, de la tragedia surge la continuidad. Encender las hogueras en su colina era honrar a Tlachtga e inscribir a la comunidad en ese ciclo eterno.
Cada año, al anochecer del 31 de octubre, los druidas encendían el fuego sagrado de Tlachtga. Desde allí, antorchas eran llevadas a otras colinas y pueblos, creando una red de luz por todo el país. Los clanes acudían a dejar ofrendas, a veces animales sagrados, para asegurar la protección de los dioses.
El fuego simbolizaba la continuidad: el año terminaba y uno nuevo comenzaba. Se invitaba a los espíritus de los ancestros, pero también era necesario protegerse de las fuerzas del caos.
Si Tara es conocida como el centro del poder real, Tlachtga era el del renacimiento espiritual. Ambas colinas funcionaban en eco: el rey recibía su legitimidad en Tara, pero la protección del reino dependía del fuego de Tlachtga.
Durante mucho tiempo, el sitio de Tlachtga fue olvidado, eclipsado por la fama de Tara o Newgrange. Pero en los últimos años, historiadores y comunidades locales han revivido esta tradición. Cada Halloween se celebran ceremonias simbólicas, atrayendo a viajeros, amantes del folclore y familias que desean compartir un momento de memoria.
El Púca Festival, organizado entre Trim y Athboy, ha devuelto un carácter festivo y cultural al Samhain moderno. Entre los eventos destacados, una caminata hacia la colina de Tlachtga y el encendido de una hoguera conmemorativa recuerdan la fuerza de esta tradición. Sin ser una recreación exacta de los antiguos rituales, es una forma de reconectar con el pasado y devolver a Tlachtga su lugar en el imaginario colectivo.
La colina de Tlachtga se encuentra a pocos kilómetros de Athboy, en el condado de Meath. El acceso es en coche, por pequeñas carreteras rurales. El sitio en sí es discreto, en tierras agrícolas privadas, pero accesible durante las ceremonias públicas del festival.
La época de Halloween (finales de octubre – principios de noviembre) es ideal, sobre todo si quieres asistir a los eventos del Púca Festival. Fuera de estas fechas, la visita es más simbólica, pero la atmósfera tranquila del lugar sigue siendo especial.
Tlachtga no es un sitio acondicionado como Newgrange o Tara: no hay centro de visitantes ni paneles explicativos. La visita requiere algo de imaginación, pero ahí reside su encanto: un lugar auténtico, casi secreto, que ha conservado su aura misteriosa.